Recuerdo un juicio en el que un guardia civil que, por su mala educación y poco saber estar para nada representaba a ese gran Cuerpo que tanto admiro, defendía las maravillas del software que había utilizado para hacer sus deficientes cálculos.

La virtud que más veces repitió es que era «software americano». Ni manual teórico ni gaitas. «Software americano» y punto.