Cuando escribo cosas como la que -si lo deseáis- vais a poder leer a continuación, lo hago con el gusto de saber que tenemos a nuestro servicio, velando por nuestra seguridad en las carreteras, a unos excepcionales profesionales que no dudan en arriesgar su vida por salvar la nuestra y eso, para mi, merece todo el respeto y admiración del mundo. Sé que esos profesionales, los de verdad, saben perfectamente que solo podemos avanzar si somos capaces de identificar nuestros aspectos más débiles para cambiar y mejorar.

repite 01Y, dicho esto, os cuento que hoy ha arrancado el día con algunas interesantes consecuencias del tuit que podéis ver en la imagen y que publiqué el pasado 13 de agosto con un gráfico extraído de un artículo publicado en «Tráfico y Seguridad Vial», titulado «El difuso concepto de "causa" como impedimento para la prevención de accidentes de tráfico» (ISSN 1139-4447, Número 240, Año 2019).

Tenéis un extracto del artículo aquí. Por su parte, el tuit original está aquí.

Parece ser que hay quienes no ven claro eso de querer trabajar con precisión a la hora de encontrar las causas de los accidentes de tráfico y consideran que son otros los métodos que deberían utilizarse para mejorar nuestra seguridad vial.

A mi me da la impresión de que en la esencia de ese pensamiento puede estar la visión idílica de una administración que podría empezar a salir mal parada en muchos tipos de accidente de tráfico en los que tradicionalmente se ha venido haciendo único responsable al usuario de la vía.

No obstante, como hilo de esperanza, son cada vez más frecuentes las sentencias judiciales y los pronunciamientos del Consejo de Estado que van en la buena dirección.

repite 02El caso es que, a raíz de ese tuit que publiqué, un ciudadano que manifiesta sentirse aludido me transmite públicamente algunos comentarios que, según matiza, no debo considerar como «ataque» sino como «respuesta» debida a ese sentimiento de alusión. Dice que no quiere entrar en polémicas porque tiene el «cajón lleno», pero eso ya es cosa suya. Él sabrá. En cualquier caso, no está mal recibir de vez en cuando uno de estos aluviones de comentarios porque nos ayuda a recordar que el panorama es desolador ahí afuera.

repite 02Empezaré por decir que quizás sea cierto que cometí un error cuando califiqué como “típico” el hecho de que los atestados policiales -en este caso concreto, un atestado de la Guardia Civil- se limiten a encontrar una responsabilidad del usuario y ahí quede todo el trabajo policial. Creo que cometí un error por no haber matizado que es “típico solo para mí”, porque en toda mi vida profesional no me he encontrado ni un solo caso en el que haya ocurrido otra cosa distinta.

Mi torpeza fue no considerar que pueden existir miles de atestados en los que se contemple que la responsabilidad de un accidente pudiera estar en otro sitio que no fuera un usuario. El hecho de que yo no los conozca, no quiere decir que no existan.

repite 02Pero si no fuera éste el caso, también es posible que cometiera un error al utilizar la expresión «lo típico» en lugar de haber utilizado algo más apropiado como «lo que está mandado». Es lo que interpreto cuando leo textos de la Academia de Tráfico de la Guardia Civil en los que se dice:

«…el investigador mantendrá sus reservas y tratará de buscar otros factores y circunstancias del propio conductor…».

A mi, esa frase me parece un desprecio al Estado de Derecho, pero es una opinión muy personal.

Pero creo que podría explicarle al señor que me escribe, que aún hay escenarios peores, por ejemplo, cuando los instructores de atestados, aparte de su empeño en centrarse en la culpa del usuario, se equivocan y le colocan la responsabilidad al usuario equivocado. Pero no pasa nada.

repite 02Aunque el señor que me escribe piense olo contrario, yo también me equivoco. Todos nos equivocamos, aunque quizás me diferencie con él la forma de gestionar los errores.

En mi caso, suelo explicar a mis alumnos -pueden corroborarlo ellos mismos- que todos se van a equivocar algún día y que parte de la grandeza que tendrán como ingenieros estará en su capacidad para descubrir y corregir sus errores lo antes posible. Como ejemplo, suelo comentar errores propios que, afortunadamente, supimos detectar y corregir. También lo comentamos con toda naturalidad en nuestras charlas. Los errores son oportunidades para aprender y cuando se ocultan lo único que se consigue es que el problema crezca y se propague pudiendo generar daños mayores.

Me acuerdo ahora de que, en cierta ocasión y en relación con este mismo tema, se me dirigió de forma bastante desagradable un general de la Guardia Civil que, afortunadamente para la Agrupación de Tráfico, ya ha dejado su cargo. Me acusaba de haber criticado con saña a la Guardia Civil y le respondí con un escrito del que reproduzco unos párrafos:

«… ocurrió que personas de la Guardia Civil con máxima responsabilidad en investigación de accidentes de tráfico cometieron graves y elementales errores … tuvieron conocimiento de esos errores y no supieron o no quisieron hacer nada, demostrando con ello que una posible situación de inseguridad jurídica podía ser obviada en el seno de la Guardia Civil… Hasta la fecha, los errores han sido reconocidos como tales por todos quienes los han conocido, salvo por los autores de los mismos.

Sr. General, no critico a la Guardia Civil. Solo me muestro contrariado ante el hermetismo que algunos imponen en una Institución que no debería mostrar tanto rechazo a lo que le llega desde afuera y que tampoco debería ver el error como una humillación.

Me muestro contrariado ante una Guardia Civil que no acepta que, como todos, también tiene sus limitaciones técnicas. Me muestro contrariado ante una Guardia Civil que no acepta enmendar con naturalidad su trabajo cuando el error aflora. Y me muestro contrariado porque ese carácter merma la confianza ciudadana en la labor técnica de la Guardia Civil…»

repite 02Pero hay otro tema que toca el señor que me escribe que me parece bastante más delicado porque siembra dudas sobre si algunos miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado entienden bien lo que es el Estado de Derecho.

Podemos estar de acuerdo en que la administración «somos todos», pero también -creo- estaremos todos de acuerdo en que tenemos perfecto derecho a reclamar que esté gestionada de la mejor forma posible, con transparencia y con responsables que estén capacitados y sepan hacer un buen trabajo. Deberíamos preocuparnos mucho si estas pretensiones de los ciudadanos no son vistas por alguien como algo natural. Pero, dicho esto, y entrando en el tema de las aseguradoras y en lo que a mi respecta, el trabajo que realizamos ha sido pagado en más de un 99 % de ocasiones no por entidades aseguradoras sino por particulares que, en mayor o menor grado, se sintieron perjudicados por la actuación de un equipo instructor de atestados. Se trataba de personas que se vieron en medio de un drama familiar y que, además, tuvieron que hacer frente a lo que ellos consideraban una gran injusticia plasmada en un trabajo policial. Estos ciudadanos -que a veces tienen razón y a veces no- tienen todo el derecho del mundo a corroborar si lo que se pone en un atestado refleja, o no, una realidad. La labor policial no es infalible y, de igual modo, ocurre con las aseguradoras, que también forman parte de nuestro Estado de Derecho y también tienen todo el derecho del mundo a hacer valer sus intereses, guste más o guste menos su filosofía empresarial.

Afortunadamente, siguen siendo los jueces los que determinan quiénes son los culpables y hasta que llegue ese momento, todas las partes implicadas tienen derecho a hacer valer sus pretensiones. Es el Estado de Derecho.

repite 02Por acabar, solo expresar lo preocupante que es el concepto de seguridad que algunos pueden alojar en sus mentes. No merece la pena entrar en muchos comentarios. Hay cosas que se explican por sí solas.

Como muestra, la gran verdad: «La vía no conduce».

Es algo que no debemos olvidar nunca y, por eso, os invito a que repitáis conmigo: «La vía no conduce».

«La vía no conduce»...

repite 02 

«La vía no conduce»...

repite 02 

«La vía no conduce»...

repite 02

«La vía no conduce»...

repite 02 

«La vía no conduce»...

repite 02

«La vía no conduce»...

repite 02

Como decía en el título, la vía no conduce pero sí que muchas veces es la que «te conduce» a situaciones que pueden tener muy serias consecuencias.

Si quien dice estas cosas es miembro de la Guardia Civil o de cualquier otro cuerpo policial, poco favor hace a la imagen de la Institución a la que representa transmitiendo una visión tan limitada de la seguridad vial. Afortunadamente, la aproximación técnica y legal a la seguridad de los ciudadanos está en parámetros morales bastante más avanzados, como cabe esperar en una sociedad moderna.

Manifestaciones de este tipo solo nos ayudan a corroborar la imperiosa necesidad de que el análisis de las causas de los accidentes se realice de forma independiente, a la vista de las inseguridades que se pueden generar cuando la entidad que investiga es la misma que sanciona.